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Seleccionados entre los mejores de la zona por el panel de cata de la fundación, nuestros aceites, verdadera joya gastronómica que solo disfrutaba hasta ahora un reducido grupo de privilegiados, están ya a su alcance con su origen y calidad certificados por la Denominación de Origen Montes de Toledo.

Considerado como uno de los mejores del mundo, el aceite de oliva de los Montes de Toledo presenta tonalidades que van desde el amarillo dorado al verde intenso. A la cata se caracteriza por su intenso frutado y sabor equilibrado, destacando las notas de manzana y almendra acompañadas por toda una sinfonía de aromas y sabores que recuerdan a frutas frescas y en sazón. Se trata, naturalmente, de aceites de oliva exclusivamente de la categoría virgen extra cuya obtención se realiza a bajas temperaturas por medios exclusivamente físicos, por lo que conservan intactos el sabor y aroma del fruto del que proceden.

En este entorno privilegiado de los Montes de Toledo, con unas condiciones de clima y suelo especialmente propicias para la obtención de aceites de excepcional calidad; sus habitantes, desde los primeros fenicios hasta la actualidad, pasando por romanos y árabes, han venido desarrollando durante siglos un lento proceso de selección que ha dado lugar a una particular variedad de aceituna exclusiva de estas tierras y reconocida mundialmente por la calidad de sus aceites.

 De crecimiento lento, la Cornicabra se cultiva en antiguas plantaciones tradicionales que si bien no consiguen los altos rendimientos de las plantaciones intensivas, permiten cuidar el proceso de obtención del aceite al máximo para obtener la mejor calidad. De una extraordinaria estabilidad, los aceites de cornicabra presentan altos contenidos en ácido oleico, polifenoles y antioxidantes que les proporcionan gran resistencia a la oxidación o enranciamiento.

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El conjunto de aromas que suele presentar estos aceites nos evoca un paseo matutino por los Montes de Toledo aun bañados por el rocío, donde la hoja de olivo y la hierba fresca se combinan con otras plantas aromáticas como el tomillo, el romero, la jara y la albahaca. De igual forma, podemos encontrar reminiscencias de manzana verde, tomate y alloza junto a otros aromas como kiwi, aguacate y alcachofa.

La entrada en boca es habitualmente amable, dejando cierto dulzor en la punta de la lengua y pasando tranquilo hasta la parte posterior donde empieza a aparecer un elegante amargor de moderada intensidad. La sensación de picante en la garganta aparece en su justa medida, acoplándose perfectamente con los valores del frutado y el amargo para dar lugar a una notable sensación de equilibrio y ausencia de astringencia.

De gran persistencia, estas sensaciones nos acompañan durante largo rato en la boca, a la vez que por vía retronasal regresa cada uno de los aromas que percibíamos en nariz, intensamente verdes y frescos.

Gastronómicamente son ideales para su uso en crudo en ensaladas, aliños y salsas, a los que aporta sus delicados aromas realzando el sabor natural de los alimentos. Además, utilizado en guisos, asados y estofados, proporciona un delicado sabor que los hace más apetitosos.